El 12 de septiembre de 2026 decidí celebrar diez años de El Chivato de la única manera que tenía sentido para mí: haciendo algo que probablemente nadie me había pedido hacer.
Doce shows en doce horas. Sin una gran producción, sin un escenario principal y sin demasiadas garantías de que todo saliera bien. Solo canciones, una guitarra, una ciudad por recorrer y las ganas de llevar la música a lugares donde quizás nadie la estaba esperando.
La idea era sencilla, al menos sobre el papel: atravesar Bogotá tocando en restaurantes, cafés, parques, calles y bares; encontrar nuevos oídos, compartir canciones y demostrar que la música independiente puede suceder en cualquier parte.
Lo que siguió fue una carrera contra el reloj, dos cuerdas rotas, cambios de guitarra, conciertos sin sonido, cansancio acumulado y una cantidad hermosa de encuentros inesperados.
Esta es la historia de ese día.

1. Skinny Universal
Calentar motores
Todo viaje necesita un punto de partida. Skinny Universal fue el primer escenario de esta locura y el lugar donde empezamos a poner en marcha una jornada que todavía parecía tener horas de sobra. La guitarra estaba lista, las canciones también. Doce shows después, entenderíamos que apenas estábamos calentando.

2. Moriche Café Despensa
La ruta continúa
Segunda parada, nuevas caras y otra oportunidad de hacer lo que vinimos a hacer: compartir canciones. La travesía ya estaba andando y cada lugar se convertía en una pequeña estación de este recorrido musical por la ciudad.

3. Frente a In Kora Tattoo
La calle también es escenario
No necesitábamos un escenario convencional. La calle tenía su propio público, su propio ruido y su propia manera de recibir las canciones. Frente a In Kora Tattoo, la ruta siguió demostrando que tocar en vivo también consiste en atreverse a ocupar otros espacios.

4. Parque SantaMarta
A pelo, sin sonido
Sin amplificación, sin artificios. Solo la guitarra, la voz y el espacio abierto. El parque nos recordó algo esencial: una canción puede sostenerse por sí misma. A veces basta con encontrar el lugar y tener el valor de empezar a tocar.

5. Durga Restaurante Vegano — Canciones entre platos
A las dos de la tarde llegamos a Durga para compartir música y mensajes con los comensales. En medio de una comida, una conversación o una pausa en la rutina, las canciones encontraron otra manera de conectar. No todo concierto necesita que alguien compre una entrada: a veces basta con estar ahí, escuchar y dejarse encontrar.

6. Another Van Der
La primera cuerda rota
Another Van Der fue una parada interesante en la ruta y también el lugar donde la guitarra decidió participar activamente en la aventura. Una cuerda rota obligó a interrumpir la marcha para buscar un reemplazo. Porque el DIY también es esto: resolver lo que aparezca, improvisar cuando toca y seguir adelante con el concierto como destino.

7. Domi Artesanal
Un lugar para detenerse sin parar
Domi Artesanal fue uno de esos espacios que hacen que valga la pena desviarse de la ruta. Un lugar increíble para comer, encontrarse y seguir llevando las canciones a nuevos rincones de la ciudad. El reloj continuaba corriendo, pero la travesía también estaba hecha de esos momentos que uno quisiera alargar un poco más.

8. La Facultad del Rayón
La música también acompaña
En La Facultad del Rayón, la travesía se cruzó con artistas que estaban en medio de sus propias labores. Además de tocar, nos sumamos a ese movimiento colectivo que sostiene los espacios culturales independientes. Porque hacer música también es acompañar a quienes están creando, trabajando y abriendo caminos desde otros lugares.

9. Parkway
Sin sonido, sin permiso y con toda la energía
A estas alturas, el cansancio ya empezaba a pasar factura. Pero todavía quedaba una reserva de energía de esas que aparecen cuando uno sabe que está haciendo algo fuera de lo habitual. Llegamos al Parkway y tocamos sin sonido, sin permiso de nadie y con la convicción de que la música también puede abrirse paso por cuenta propia. La noche ya había comenzado y nosotros apenas estábamos llegando a su mitad.

10. Pola Hop
La segunda cuerda
Si la primera cuerda rota había sido una advertencia, la segunda ya parecía un chiste interno de la jornada. En Pola Hop, la guitarra volvió a pasar factura y tocó cambiar de instrumento para continuar. Diez conciertos encima, el cuerpo acumulando kilómetros y una última parte de la noche que todavía nos esperaba.

11. 89-90 Pub
Cambiar de guitarra y seguir
Con una guitarra distinta y la experiencia de diez shows a cuestas, llegamos a 89-90 Pub. A esas alturas ya habíamos aprendido que el plan podía cambiar de muchas maneras, pero la única respuesta posible era continuar. Todavía quedaba una última parada antes de cerrar el círculo.

12. Surco Casa Cultural
Diez años caben en una canción
El cierre tenía que ser en casa. A las once de la noche llegamos a Surco Casa Cultural para un concierto de casi hora y media que reunió canciones de los diez años de El Chivato. Era el final de la ruta, pero también el lugar donde todo cobraba sentido. Las canciones que habían viajado por cafés, restaurantes, calles y parques volvían al espacio que ha acompañado esta historia. En medio del concierto hicimos el primer wall of hugs: un muro de abrazos que terminó convirtiendo la celebración en algo más grande que un aniversario. Después de doce shows, dos cuerdas rotas y un día entero corriendo detrás de la música, cerramos rodeados de la gente que hace que todo esto valga la pena.
Doce shows en doce horas no van a cambiar el mundo, ni era esa la intención. La idea era celebrar diez años de un proyecto que nació de las ganas de hacer música, compartirla y construir una escena a nuestra manera.
El Chivato siempre ha tenido algo de eso: una guitarra, unas canciones, el impulso de salir a tocar y la certeza de que no hace falta esperar a que todo esté listo para empezar a hacer las cosas.
Ese 12 de septiembre, Bogotá se convirtió en una ruta de escenarios improbables. Cada parada fue una historia; cada canción, una oportunidad de encontrarnos; cada imprevisto, parte del concierto.
Terminamos en Surco Casa Cultural, abrazados, cansados y con diez años de canciones detrás. No sé si fue una locura, una mala decisión logística o una excelente idea. Probablemente las tres.
Lo que sí sé es que, si algo me han enseñado estos diez años, es que la música independiente también consiste en inventarse el camino mientras se recorre.
Gracias a cada lugar que nos abrió sus puertas, a quienes escucharon una canción por casualidad, a quienes nos acompañaron durante la jornada y a quienes han sido parte de esta historia desde el principio.
Diez años después, seguimos buscando dónde tocar la próxima canción.

❤️🔥 A Susi, Van Astor, Jesus y Espina por soñarlo y hacerlo real... Hicimos historia ❤️🔥